La necesidad de un grabador mental no es nueva en el hombre, solo que agobia un poco sentirla.
No sé, … como que hay silencios y silencios, y éste es como de los más incómodos porque es un silencio ruidoso y constante. Apenas puedo lidiar con unas pocas situaciones en donde se requiera cierto foco y concentración. Es desesperante hacerlo con muchas, aunque sean situaciones de carácter escencial. Por ejemplo la compra de papel higiénico cuando se está por acabar, y no recién cuando no hay más. Por mencionar un ejemplo choto pero didáctico.
Aquà en este lugar virtual es donde veo que sucede. Muchas situaciones y muchas ideas revolotean en la carpeta de borradores y la falta de foco acusa recibo de ese desorden, polÃticamente permitido, bajo la frase «hago lo que quiero y cuando quiero, total… es mÃo»
Aquà quiero constar que en algún momento:
- Simpatizantes de Pedro dÃas atrás me llenaban la canasta con correos ofreciéndome un poster de «Pedro Presidente» y me lo traÃan a casa si yo asà lo deseaba. Sin embargo (pobre Partido Colorado no?), me hace detenerme y pensar un poco en como nos percibe la clase polÃtica en general. Pensamiento recurrente y con una tendencia repetitiva. Con frecuencia según el paÃs de residencia o el sistema gubernamental del mismo.
- Fuà iluminado con una mini reflexión sobre el sentido de los recuerdos y las bisagras (y quien sabe que cosa más en aquel momento). Tan empalagoso que me termina dando vergüenza cada vez que lo leo. En un momento dado aparece la frase «memoria emocional no volátil». Ahà creo que se me fue todo de las manos.
- Soy más grande, aunque tropecé en un intento de permanecer en la historia pensando que mis frescos treinta y tres eran más trascendentes que los comandados por Lavalleja, que la «Virgen de los 33» o que los treinta y tres de Jesusito mismo. Patético y vergonzoso. Todo el mundo de mi edad o mayor cumplió treinta y tres, y ninguna alaraca se armó.
Y puedo seguir con cuatro o cinco pelotudeces más, a las que yo catalogaba como necesarias que el mundo las sepa de mi boca.
Hasta que recordé la prima de mi comodidad, la pereza.
Debo reconocer que solo pensar en redondear ideas para que alguien lo entienda me cansa muchÃsimo. Reconozco también que la intención de redondear raya la manÃa… pero es la puta verdad. He prestado atención y llegué la increÃble conclusión (nuevamente, para mi comodidad) de que el método «hago lo que quiero, total… » aquà aplica; total.. son todas ideas sueltas sin pie ni cabeza. Si mecho algún comentario sobre cualquier cosa, el tiempo, el fútbol o la polÃtica, estará bien igual porque será igual de revuelto.
En fin…
Las ideas, aunque sea asà desordenadamente, es mejor sacarlas de la carpeta de borrador y ventilarlas.
Porque: ¿quien dice en realidad de que esto que estás leyendo, es lo que en realidad yo tenÃa pensado escribir?